Como tantas veces pasa

Como tantas veces pasa

A María le tocó una vida difícil. Diez años después, aquella tímida piba del Comedor de La Cava hoy termina su cuarto año de la Carrera de Psicología Social.

Diez años atrás conocimos a María. En ese entonces, María era para todos la hija de Celeste, una de las cocineras voluntarias del Comedor de La Cava.

Con poco mas de veinte años, las elecciones de María eran diferentes a las de muchas de sus amigas: cada día, esta mujercita de mirada firme preparaba la merienda para cientos de chicos y comenzaba, sin saberlo, un camino en el que dar y recibir amor son pulsos de un mismo impulso vital.

María nunca dejó de dar una mano. Los años fueron pasando; ella creció y fue mamá de Romina, Milagros y Ramiro.

Se casó con Luis pero, lamentablemente, no vivió una historia de amor feliz. Como tantas veces pasa. Pero siguió adelante. Crió a sus hijos solita. Como tantas veces pasa.

Cuando María terminó la secundaria, parecía imposible siquiera pensar en seguir estudiando. Lo que le sobraban a María eran las ganas. Lo que le faltaba eran los medios, los cómo. Como tantas veces pasa.

Y pasó el tiempo y entonces Alejandra, nuestra psicóloga, se fue haciendo una con la tarea voluntaria en el barrio. Así, entre tarea compartida y mate común, fue forjando con María una de esas amistades que las marcaría para siempre. A ambas.

El placer de ver a María trabajar desinteresadamente por aquellos con los que compartía sueños y postergaciones, fue madurando en todos los voluntarios un deseo que, a fuerza de persistencia, se fue convirtiendo casi en una necesidad.

Como muchas buenas cosas, comenzó por una frase que casi se escapó de las ganas de una voluntaria en una de las reuniones. Pronto fue propuesta y promesa: María tenía que estudiar. Porque el sueño imposible de María todos lo conocíamos: ser como Alejandra, ser ella también, como "Ale", psicóloga.

Ayer, lunes, recibimos una de esas alegrías que no terminamos todavía de explicarnos cómo caben en un celular, o en tan pocas palabras: María aprobaba su cuarto año de la Carrera de Psicología Social. Ya está a un paso. A un paso de tantas cosas… De tantas cosas que ya no importa todo lo que tuvimos que dejar de lado cuando decidimos la locura de ayudar a María para que comenzara su carrera.

Porque hoy, cuatro años después, María está a un paso de cumplir un sueño que, si bien para muchos de nosotros puede ser casi “normal” o “esperable”, en paisajes más hostiles, en calles más olvidadas, se tiñe con el color de la magia o del heroísmo mismo.

Hoy, a mil años de luz de aquel “bing bang”, María es imprescindible en los talleres junto a Ale, quien la mira orgullosa y emocionada… y no es para menos. María es valiente y valiosa.

María es una de las cientos de historias llenas de esperanza que se suceden año tras año, sostenidas únicamente por el amor de quienes a un lado y a otro de estas líneas, se empeñan en que cada año sea un poquito más luminoso que el anterior. Como, por suerte, tantas veces pasa.

Esta es época de balances, promesas y compromisos. Si tuviera que pedir un deseo sería algo así:

¡Hagamos del tiempo que nos toque un jardín de mil flores regadas con la luz que nos regala María!